El médico que fuimos — y el que podemos ser
Durante siglos, la medicina fue una profesión polifacética. Hoy muchos médicos sienten que algo se apagó. Este artículo explora qué perdimos y por qué vale la pena recuperarlo.
El médico que fuimos
Durante siglos, quienes estudiaron medicina ejercieron una sola profesión: ver a personas enfermas e intentar restablecerles la salud.
Y, sin embargo, hace trescientos años esa profesión era más polifacética. El médico investigaba, enseñaba, buscaba nuevas curas y mantenía una relación estrecha con sus pacientes y sus familias. Era una figura central de la comunidad, tan respetada como el clérigo.
Con el tiempo la profesión se volvió mucho más técnica. El especialista de hoy sabe inmensamente más que aquel médico, pero en el camino perdimos algo. Perdimos una profesión capaz de llenar varias esferas de la vida.
Lo que se apaga
Al terminar la especialidad, muchos médicos pierden tres cosas casi sin darse cuenta.
El reto intelectual. Muchos médicos somos personas con una gran hambre intelectual. La carrera nos da un reto enorme que suele prolongarse una década, pero al terminarla pareciera que el sistema apaga las oportunidades de seguir pensando. Escuelas y hospitales nos empujan a ver la mayor cantidad posible de pacientes. Al principio puede ser estimulante; con los años el reto se vuelve marginal y el tedio se instala.
A muchos les basta la comodidad de la rutina. A otros los aburre y los desmotiva, y para ellos estar solos en un consultorio apaga la sed intelectual. Dejan de aprender al ritmo de antes y pierden a los colegas con quienes debatir e intercambiar ideas.
La comunidad. Esa pérdida crece conforme avanzamos en la carrera. La vida social de la escuela de medicina y del hospital termina con la especialidad. Quien se dedica solo a la clínica deja de convivir con otros especialistas, y varios años después su mundo profesional cabe en dos o tres personas.
Se apaga así una comunidad que no solo daba lazos estrechos sino que nos hacía seguir creciendo. Resulta irónico que, en un mundo cada vez más conectado, nos sintamos más aislados.
La variedad. Son pocos los médicos con actividades distintas que les den varias fuentes de ingreso. Hay quien da clases además de consulta, o quien participa en un comité además de operar, pero el grueso vive de una sola cosa.
El médico que podemos ser
Ese médico con experiencia, estable y con ganas de algo más, es a quien le hablamos.
Afortunadamente el mundo está cambiando. Las industrias de la salud y la tecnología están abriendo oportunidades nuevas. El médico puede seguir en la investigación y la enseñanza, pero el panorama es mucho más grande. Cada vez más empresas buscan médicos con experiencia y con habilidades para trabajar en otras industrias.
Ya hay médicos cuyo ingreso principal viene de la consultoría, de dirigir equipos multidisciplinarios o de empresas de tecnología en salud, y para quienes la clínica es el ingreso secundario.
La pregunta no es si existe ese camino. La pregunta es si estás listo para buscarlo.
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